¡Mírame, que hermosa soy!

Creo que todo comenzó en mi niñez, cuando tenía alrededor de 8 años.  Era la niña más alta de mi clase, con un par de libras demás (según lo que dice la sociedad) e introvertida.  Los amigos que tenía eran pocos y a mi lado siempre estaba mi primo Luisito.  Mientras crecía, mi cuerpo se fue desarrollando más, comparado con las chicas de mi edad.  Esto ocasionó que la forma en que veía el desarrollo de mi cuerpo fuera algo anormal.  Con el tiempo, las inseguridades llegaron a mi vida y más aún cuando entré en la etapa de la adolescencia. Me comparaba con algunas de las chicas que estudiaban conmigo y me decía que porque no podía ser como ellas.  Siempre he dicho que es una de las etapas más difíciles y es cuando mas los padres deben estar pendientes de sus hijos. 

Con el tiempo me refugié en otras cosas, como lo fue la escritura, el cantar y hacer manualidades. Mientras algunas chicas de mi salón de clase pensaban en maquillaje, ropa y novios yo tenía otra manera de ver las cosas.  No voy a negar que en algún momento me llegó a gustar un chico. Sin embargo, mi timidez hacia que colocara una barrera, que hoy día agradezco.  Esto hizo que aprendiera a valorar mi cuerpo y no dejar que nadie se sintiera dueño de él.

No fue fácil el aceptar mis curvas, me llevó tiempo hacerlo y más aún cuando veía los llamados “estándares de belleza” que dicta nuestra sociedad.  No fue hasta que cumplí mis 18 años que me di cuenta lo hermoso que era mi cuerpo.  Que las llamadas “libras demás” eran parte de mi herencia como mujer latina.  Que las curvas que poseo son parte de mi esencia.  No critico ni juzgo aquellas personas que viven haciendo dietas y viven afanadas por cumplir con lo que dicta nuestra sociedad.  Sin embargo, felicito aquellas mujeres que cada día se despiertan y se aceptan como son.  Que por salud en ocasiones debemos bajar un par de libras, eso es cierto.  Pero, que la meta no sea bajar esas libras por parecerte a la modelo de Victora’s Secret.  Cada una de nosotras tiene una identidad propia, una luz que nos hace brillar y ser únicas.  No dejes que los comentarios mal intencionados de personas y las redes sociales impacten tu vida. 

Para que el mundo vea lo hermosa que eres, lo primero que tienes que hacer es aceptarte como eres.  Con tu pelo rizo o lacio, tus pecas, con tu color de piel, seas alta o bajita, ojos grandes, labios pequeños… no importando como seas físicamente. Lo que realmente importa es el valor que te des.  Que cuando te levantes en la mañana y te mires al espejo veas lo hermosa que eres.  Que salgas a la calle con la frente en alto y grites al mundo… ¡Mírame, que hermosa soy!

Un abrazo,

 

 

 

Pd: Comparte esta entrada con tus amigas, para que juntas podamos convertirnos en mujeres valientes, emprendedoras y únicas.

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